jueves, 9 de mayo de 2024

O nosotros o el caos, la falsa dicotomía del PSOE

 





 - "Algo debe cambiar para que todo siga igual" - El gatopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1958)

España, en términos históricos, ha vivido en regímenes democráticos durante muy poco tiempo. Contando los años de la Segunda República y de la actual Monarquía Parlamentaria apenas llegan a poco más de 50 años.  Esto ha generado una cultura política específica en la ciudadanía española, denominada en la ciencia política como "Cinismo Democrático", que combina una fuerte aceptación del sistema democrático a la vez de una percepción muy crítica del funcionamiento del sistema y sobretodo de los actores que en él actúan, junto a una importante desafección política o poco interés en participar en la cosa pública. En resumidas cuentas, tanto años viviendo bajo regímenes no democráticos a llevado a pensar a gran parte de la ciudadanía española que finalmente siempre acabarán gobernando "los mismos", refiriéndose a unas élites o familias que siempre han estado en el poder. Esto también ha generado, paradójicamente, una tendencia electoral en que siempre gana las elecciones los partidos políticos que se han mostrado más moderados o centristas durante las precampañas y campañas electorales.

PSOE supo leer esto perfectamente durante los años de la Transición Española, incluso ya en los últimos años de la dictadura franquista, y supo llevar a cabo de forma exitosa una renovación generacional e ideológica donde pasó de ser un partido formado por viejos cuadros históricos que llevaban décadas en el exilio y de ideología marxista a ser un partido con dirigentes jóvenes, ajenos al exilio y la guerra civil, e ideológicamente más cercanos a la socialdemocracia liberal más centrista. Este viraje ideológico y generacional se consagró en el Congreso de Suresnes en 1974, cuando Felipe González asumió el mando del partido, y sirvió al PSOE de pasar a ser un pequeño partido marxista a un gran partido de masas o "Catch-All" más transversal ideológicamente y con más posibilidad de crecer electoralmente en la España del "cinismo democrático".

En los últimos años, ante la crisis política y socio-económica que sufre España desde 2008, y después de los intentos de profundización democrática del 15M y Podemos y de la intentona independentista del Procés, estamos asistiendo a la lucha entre dos modelos, en principio enfrentados, de país:

1- La España del Régimen del 78  actualmente en declive, representada por el PSOE, que pretende retornar a la España anterior a 2008 donde las tesis neoliberales, el bipartidismo y el cinismo democrático como cultura política no eran cuestionados.

2 -La España ultraderechista,  del franquismo sociológico, de la guerra, trumpista y del sálvese quien pueda, representada principalmente no solo por VOX y un PP cada vez más ultraderechizado, sino también por unas fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, un poder judicial y un poder mediático claramente antidemocráticos y que luchan por mantener sus privilegios de clase y que están claramente en ascenso en España.

En un principio pueden parecer dos modelos antagónicos destinados a enfrentarse pero, en el fondo,  son las dos caras de una misma moneda, la del poder del capital para imponer sus intereses por encima de los intereses de la mayoría social y de la democracia. Dos modelos que luchan entre si para ver quien de los dos es mejor a la hora de defender los intereses económicos y de clase del poder económico, que es el que detenta realmente el poder en España, es decir, el IBEX 35.

El PSOE pese a que se quiere presentar como defensor de los DD.HH, la democracia y el dialogo frente a la ultraderechismo patrio cada vez más asume las misma tesis y acciones políticas del ultraderechismo que dice enfrentar: Total sumisión a la OTAN y USA, aumento del gasto militar, compromiso con la guerra de Ucrania, comercio de armas con Israel, punto final a los avances feministas, obediencia fiscal con el mandato de ajuste de la Comisión Europea, rendición incondicional a la industria inmobiliaria y al bloque social rentista bajo la retórica de la construcción de vivienda protegida, acatamiento estricto de la Ley Mordaza, convicción bipartidista respecto a la renovación del CGPJ, recortes encubiertos de las rentas directas e indirectas del trabajo, aceptación de la polarización creciente de la distribución de la renta, entrega incondicional de los proyectos de transición energética y de las renovables a las Gamesa, Acciona, Iberdrola, Gas Natural, etc.

Pese a todo esto, El PSOE, como ala moderada o "progresista" del régimen del 78, ha sabido neutralizar cualquier opción política a su izquierda que fuera condición de posibilidad de que en España naciera y se instaurara un nuevo tipo de cultura política que hiciera a la ciudadanía española más proclive a participar en la cosa pública y profundizar en la democratización del país.  El primer intento fue el de IU en los 80 durante el referéndum de entrada en la OTAN, después de nuevo IU en los 90 con Julio Anguita y por último el 15M y Podemos.

El PSOE ha sabido neutralizar estos intentos "absorbiendo y vaciando de contenido" los relatos ideológicos y propuestas políticas de estos partidos, haciéndolos pasar como del PSOE e intentando dar un barniz de "cambio" al partido socialista, cuando en el fondo no es nada más que gatopardismo político, es decir, "Que todo cambie para que todo siga igual".

Esto ha hecho del PSOE la columna maestra del régimen democrático surgido del 1978. Un régimen democrático de baja calidad y con muchas limitaciones a la hora de la profundización democrática del país. Limitaciones que están surgiendo a la luz en los últimos tiempos, a partir de la crisis capitalista mundial de 2008.

Ante la falsa dicotomía de "moderados" del R78 y ultraderechistas, necesitamos una izquierda transformadora en España con un modelo de profundización democrática, no solo de las instituciones políticas, sino también del poder judicial, del poder mediático, de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y también de la economía. Un proyecto claramente a favor de las mayorías y con medidas concretas para llevarlo a cabo, y no quedarse en la mera declaración y el gatopardismo como nos tiene acostumbrado el PSOE.

La autoorganización es una herramienta poderosa para empoderar a las comunidades y construir movimientos sociales sólidos y representativos, que es una condición de posibilidad básica para la profundización democrática tan necesaria en nuestro país. Al permitir que las personas se organicen y se movilicen por sus propios intereses y necesidades, se fomenta la participación ciudadana y se fortalece la democracia desde la base. Además, genera comunidad y solidaridad, creando lazos más fuertes entre las personas y promoviendo un cambio social significativo.

Esta izquierda transformadora tiene que ser útil a la gente y capaz de ilusionar. Esto implica escuchar activamente las preocupaciones y demandas de la ciudadanía, proponer soluciones concretas a los problemas reales que enfrentan y comunicarse de manera clara y honesta a la población. Deben de ser agentes de cambio positivo, trabajando para mejorar la vida de las personas y construir un futuro mejor para todos. Eso solo pasará si estan en cada barrio, cada pueblo, que les vean, que sea accesible y que sea capaz de escuchar y trasladar todo aquello que les digan en propuestas concretas que mejoren el pueblo.

Trabajar mano a mano entre todas es vital para conseguir una izquierda transformadora estable y arraigado en el territorio, que es fundamental construir fuerza política solida y representativa. Esto implica fomentar participación activa de la ciudadanía en la vida política, promover la diversidad y la inclusión dentro del partido y trabajar en estrecha colaboración con las comunidades locales para abordar sus necesidades y preocupaciones. En definitiva crear una nueva cultura política que combata la cultura imperante del cinismo democrático que tanto beneficia al PSOE.

Una izquierda transformadora que represente a las clases populares de nuestro país es un imperativo para cualquier persona comprometida con la justicia social y la igualdad. Esto implica abogar por políticas que beneficien a los trabajadores y trabajadoras, a las desfavorecidas y los marginados, luchando contra la desigualdad económica y social y promoviendo el acceso igualitario a oportunidades y recursos. Necesitamos ahora más que nunca un una izquierda transformadora arraigado en las clases populares y ser un vehículo para la voz y los intereses de aquellos que tradicionalmente han sido excluidos del proceso político y económico.

En resumen, la autoorganización, la utilidad para la gente, la capacidad de ilusionar y el trabajo conjunto para construir un partido político estable, arraigado y representativo de las clases populares son elementos clave para avanzar hacia una sociedad más justa, igualitaria y democrática. Por tanto, es necesario estar en las calles, en cada movilización, en carpas, en espacios sociales y sindicales para no solo ser quien "escucha", sino también ser quién "hace".

Sólo con el "hacer", demostramos más capacidad política que aquellos que siempre han querido que las cosas cambien para que nada cambie.



O nosotros o el caos, la falsa dicotomía del PSOE

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